Editorial
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Número 32. Verano 2008 El trauma del terremoto
“Muchos de los niños acogidos, se negaban a probar alimento y bebida alguna, no querían sobrevivir, por ello los esfuerzos del Gobierno chino se han centrado en intentar reunirles con sus familiares supervivientes y en procurarles apoyo y atención psicológica”.
El terrible terremoto que asoló la provincia de Sichuan en China provocó una rápida y generosa respuesta solidaria entre las muchas familias adoptantes de pequeños provenientes de este país, muchas han colaborado económicamente con nuestra Fundación en la campaña de recaudación de fondos que íntegramente se han entregado al Centro Chino de Adopción de Pekín para su programa de reparación de los centros afectados en la zona , y a la fundación americana Half the Sky que está realizando desde el primer momento una magnífica labor de asistencia y ayuda a las víctimas de la catástrofe,
y otras, en su mayoría familias que se encuentran a la espera de esa ansiada asignación de su futuro hijo/a chino, han mostrado un constante interés por acoger a los pequeños huérfanos del desastre.
Aunque ambas reacciones demuestran la preocupación por el desastre ocurrido y la grandeza y generosidad de las familias adoptantes, de entre ellas, la segunda, que es la lógica y legítima reacción ante la visión de un menor que por una tragedia se ha visto privado de una familia, me merece una reflexión aparte porque entiendo que a veces nos hacemos una idea equivocada de la situación y el estatus en el que quedan las víctimas de un desastre natural y, más en concreto, de los niños.
Según los datos facilitados por la Fundación Half the Sky, el 26 de mayo, a los pocos días del primer terremoto que arrasó la zona, la cifra de muertos era de 65.080 personas, 360.058 heridos y 23.250 desaparecidos; las instituciones
infantiles afectadas eran 43 y las autoridades chinas y cooperantes evacuaban a los refugiados y los alojaban en estadios, refugios temporales y colegios. El desconcierto provocado por la tragedia y el obligado éxodo de los refugiados separó a muchas familias. En instituciones y colegios se colocaron pancartas y carteles para facilitar la tarea de los desesperados padres que estaban buscando a sus pequeños desaparecidos. Mientras tanto, muchos de los niños acogidos, con miedo y terror en sus ojos, se negaban a probar alimento y bebida alguna, no querían sobrevivir.
Por ello y respecto a la población infantil, los esfuerzos del Gobierno chino en estos primeros momentos, se ha centrado en intentar reunirles con sus familiares supervivientes y en procurarles el apoyo y atención psicológica
adecuada para superar el trauma de la tragedia. La búsqueda de familia alternativa para aquellos que la necesiten tendrá que esperar.
El equipo de Niños de Hoy les desea unas muy felices vacaciones.
Blanca Rudilla (redacción@ndehoy.com)
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