Editorial
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Número 30. Invierno 2008 Cuando el frío
hiela corazones
“Teniendo en cuenta
que las provincias que
sufren más abandonos
de pequeños en China
son precisamente las
más afectadas por la
nieve y el hielo que han
azotado China, esto es
Jianxi y Hunan se me
hace terrible pensar
en qué condiciones
se encontrarán los
pequeños que quedaron
aislados en esas
instituciones que las
autoridades chinas
llaman de Bienestar
Social”.
Hace unos días la hola de frío que ha azotado algunas regiones
de China, sorprendió a varios grupos de familias adoptantes
cuando iban a recoger a sus hijos adoptivos a las provincias de Hunan
y Jianxi. Las ciudades quedaron paralizadas e incomunicadas por la
nieve y hielo, interrumpiéndose los suministros de energía, y muchas
de esas familias adoptantes se vieron obligadas a permanecer con sus
hijos y familiares largas y desesperadas horas en salas de aeropuertos
completamente cerrados al tráfico aéreo.
Sin embargo, el frío polar que ha parado parte de ese grandioso
país no paralizó los trámites de adopción de estas familias que hoy
se encuentran sanas y salvas en sus hogares gracias al esfuerzo y preocupación
de muchos profesionales. Han regresado a nuestro país
con sus preciosos tesoros y con una dura experiencia que contar
a sus hijos cuando sean mayores. Han aterrizado dejando atrás las
consecuencias de esta catástrofe meteorológica y, teniendo en cuenta
que las provincias que sufren más abandonos de pequeños en China
son precisamente las más afectadas, esto es Jianxi y Hunan se me hace
terrible pensar en qué condiciones se encontrarán los pequeños que
quedaron aislados en esas instituciones que las autoridades chinas
llaman de Bienestar Social.
Pensé que este sentimiento de preocupación sobre la situación que
se está viviendo en China era generalizada, e incluso más intensa en
aquellos que tenemos nuestro corazón ligado a este país bien porque
alguno de nuestros hijos provengan de allí o porque estemos a la
espera de alcanzar este deseo, pero recientemente alguien que está
sufriendo con angustia y desesperación la ralentización de los tiempos
de espera de las asignaciones de menores en adopción por las
autoridades chinas, me comentó con alegría que quizá esta terrible
situación obligaría a que se produjeran más abandonos que pudieran
acortar su espera. Quizá el frío haya helado el corazón de muchos,
pero yo, sinceramente, nunca pensé que podríamos alegrarnos así de
las miserias ajenas.
Blanca Rudilla
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