Editorial
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Número 11. Marzo - Abril 2004 Cuestión de sensibilidad
"Es evidente la necesidad de dotar a nuestros servicios en el exterior, de los medios técnicos y personales necesarios, pero ello tiene que venir debidamente aderezado de sensibilidad y comprensión porque, detrás de ese trabajo y obligación, hay unos niños a la espera de un amor y cariño perdido.”
Hace más de siete años durante una visita con mi marido a Guatemala, coincidimos con una mujer de un pequeño pueblo de Alava que había viajado a ese país para adoptar un bebé de seis meses. Durante el proceso tuvo problemas y no conseguía obtener la documentación del pequeño para regresar a España.
La casualidad quiso que el esposo de esta señora llamara desesperado en solicitud de ayuda a la Embajada de España, en el instante en que nos encontrábamos reunidos con la responsable de la sección consular, y como el consulado entendía que no podía hacer nada para resolver la situación de esta familia, solicitamos el teléfono del hotel donde se alojaba y así pudimos contactar con ella.
La historia tuvo final feliz; juntos conseguimos resolver los problemas burocráticos que impedían que el pequeño viajara a España y, pese al tiempo transcurrido, no puedo borrar de mi memoria el rostro aliviado de la mujer cuando le permitimos descansar sus brazos doloridos, de cargar sola y desesperada por toda la ciudad, el precioso gordito que estaba adoptando. Ayudar a esta familia nos llenó de felicidad y satisfacción pero creo sinceramente, que las autoridades españolas no debían haber dado la espalda a esta familia.
En estos días, los medios de comunicación se han hecho eco de las denuncias realizadas por diversas asociaciones de familias adoptantes por la incompetencia de nuestros servicios consulares para dar el servicio necesario a fin de que los pequeños adoptados puedan viajar a sus hogares en España. Según la asociación AFAC, nuestro consulado en China, manifiesta que carece de los medios personales y técnicos adecuados para poder realizar los visados de las niñas adoptadas cuando los padres lo requieren, y en Haití, nos cuenta Timoun, que nuestra representación diplomática no ha acelerado, como han hecho otros países, los trámites de los niños que están siendo adoptados por españoles, impidiendo su traslado a nuestro país.
Es evidente la necesidad de dotar a nuestros servicios en el exterior, de los medios técnicos y personales necesarios para poder prestar los servicios que las familias necesitan cuando viajan a recoger a sus hijos, pero ello, tiene que venir debidamente aderezado de sensibilidad y comprensión porque, detrás de ese trabajo y obligación, hay unos niños a la espera de un amor y cariño perdido.
Mientras tanto, os hemos preparado un nuevo número de Niños de Hoy, repleto de temas de interés y actualidad, que seguro os dará mucho que pensar.
N.de la D.- Cuando ya teníamos este número en imprenta tuvieron lugar los terribles atentados causantes de tanto dolor en Madrid. Todos aquellos que formamos el equipo de Niños de Hoy hemos llorado como propias a estas personas cuyas vidas han sido segadas o destrozadas. Nadie a quien le importe la sonrisa de un niño podrá nunca aceptar la salvaje sinrazón del asesino.
Blanca Rudilla
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